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Lecciones de la vida


Despedida (por poco tiempo espero)

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 24 de Agosto, 2006, 11:35 por el autor teo

Hoy digo un "hasta luego", para quitar importancia al asunto, pero lo cierto es que me da pena pensar que, una vez más, te vas.

Por otro lado me alegro, porque es algo que quieres y deseas con todas tus fuerzas (a ti siempre te han gustado las aventuras).

Es cierto que muchas veces has estado desaparecido, y yo amordazado por la pereza, pero siempre ha existido un "algo" que hacía que cada vez que nos despedimos, solo digamos un "hasta luego" y nunca un "adios".

Espero que nos cuentes poco a poco tus avances o retrasos.















Esta ñoñeria que agita mis dedos contra el teclado me costará más de una burla por parte de mucha gente, pero hoy me da igual.


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Roto y arreglado

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 5 de Agosto, 2006, 14:14 por el autor teo
Las fuerzas se sacan de "donde no hay", que es el lugar más lejano de la tierra.

Para llegar hasta ahí, hay que andar mucho, y cansarse más.

Son tus propias lágrimas las que te quitan la sed.

Es decir, para ser feliz, para sobrevivir al menos, tienes que reirte del mundo, de quien te hace sufrir.

Ironías de la vida lo llaman. Así, amaras sin odio...

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Ver Oir Tocar Oler

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 11 de Julio, 2006, 17:40 por el autor teo
Imagínate por un segundo que no puedes ver. Nunca me ha gustado proponer situaciones así, pero solo esta vez. Imagínatelo:

Ayer a la noche te acostaste después de apagar la luz de la mesilla y poner el despertador en hora, viendo perfectamente. Hoy te despiertas y abres los ojos... pero no ves nada.

NADA. Solo oscuro. No es de color negro; es un color grisaceo, una especie de capa que separa el mundo real del que ahora vives. Es una situación terrible, y solo puedes gritar. Pero... pero no puedes gritar. Bueno, si puedes, pero no te oyes. Solo oyes los latidos de tu corazon acelerado. Sí, esos latidos que cada vez van más rápido.

Te restriegas los ojos, y entonces te das cuenta: no sientes tus manos sobre tus párpados. Te pellizcas intentando despertar o probando que aún tienes tacto, pero ni notas el pellizco ni tus dedos sobre tu pierna.

Intentas mover los dedos de los pies. Ni siquiera un hormigueo. Te sientes debil y perdido. No sabes qué hacer ni a quién acudir. Vuelves a gritar y golpeas la pared, rabioso. Tus manos sangran y no sientes dolor. Te ahogas. Intentas tranquilizarte, pero sigues oyendo los latidos de tu corazón. SOLO eso. Coges aire. Pero no sientes alivio. De hecho, no hueles. No hueles... no oyes... no ves... no sientes a tu novia cuando se acerca y te pregunta qué te pasa...

Solo cuando te agita, y te da un tortazo en la cara... entonces, te despiertas, con la mano en tu cara dolorida, con una lágrimilla deslizándose desde tu ojo izquierdo, deslumbrado por la luz, con un intenso pitido en tus oidos, oliendo la piel de tu novia...

Imagínate. No oler, no tocar, no ver ni poder oir...

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Se me ocurrió después de oir dos veces seguidas Tommy de The Who basada en la historia de un pobre niño que se queda ciego, sordo y sin poder oler, después de que su madre fuera asesinada por la amante de su padre...



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Otra gran verdad

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 28 de Mayo, 2006, 3:10 por el autor teo
Después de la tormenta, siempre llega la calma. NUNCA al revés.

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Las palabras solo pueden hacer daño

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 27 de Mayo, 2006, 16:18 por el autor teo
... dice la canción, y tiene razón, por lo menos en el 70% de las ocasiones.

Dentro de ese 70%:

  1. Un 30% son las palabras que no dices.
  2. Un 10% son las palabras que dicen los demás.
  3. Un 30% son las palabras que dices.
Podría empezar a explicarme con ejemplos, pero como esto me ha pasado con tanta gente, acabaríamos todos a ostias.

Como le dije a alguien hace tiempo, nosotros mismos hacemos las situaciones difíciles. La mayoría de las veces...

Aún no he encontrado solución a este tema y dudo que lo encuentre. Es como el amor: no tiene salida ni solución. Pero eso es lo que le hace emocionante y satisfactoria. Todos esos choques frontales, todos esas miradas sin inocencia.

Dice ELLA que para que haya odio tiene que haber existido antes amor. Ahora pienso que es cierto. Aunque no tengo un ejemplo claro, la verdad. No odio a nadie. ¿Desprecio? Sí, de eso tengo bastante.

Pero ahí es donde quería llegar yo. ¿Por qué existen dos palabras tan extremas y cercanas una de otra como odio y desprecio y dos palabras tan poco cercanas entre sí como amor y aprecio?

Creo qeu la solución pasa por dejar la drogaina...

NOTA: Este texto es un recopilatorio de situaciones que se han dado a lo largo de mi vida, como ocurre con todos los textos que escribo que pertenecen a "Lecciones de la vida" y no tratan de ofender a nadie. Es más, no son nadie en concreto y son todos en especial.

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La primera cosa que se aprende...

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 23 de Mayo, 2006, 19:26 por el autor teo
... cuando trabajas de administrador de sistemas:

"A un usuario nunca hay que decirle la verdad, pero tampoco debes mentirle".

Supongo que esta frase se aplica a todos los trabajos de alguna manera.

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Las lecciones de la vida

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 18 de Mayo, 2006, 22:00 por el autor teo
Cuando veo gruñir a la gente, cuando veo y comparo cómo han reaccionado dos personas diferentes en la misma situación... casi se me saltan las lágrimas. Un ejemplo:

Caso 1. Un hombre de 65 años que vive con su mujer. No era el hombre más feliz del mundo. Le encuentran un cancer mortal. Deciden, a pesar de todo, intentar tratarlo. Desaparece de nuestras vidas durante 3 o 4 meses, ya que vive en el hospital.

Aparece un día con una sonrisa plantada en la cara (parecía que había pasado por cirugía, en vez de por químio) y me saluda como si nada.

En ese momento, aparece la primera lágrima.

El resto de lágrimas caen por mi interior, mientras pasan los días y los meses y me voy encontrando con esa misma sonrisa.

Caso 2. Un hombre de 62 años que vive con su mujer. No era el hombre más feliz del mundo. Le encuentran una enfermedad que le deja tocado de por vida. No puede vivir "por su cuenta". Sale a la calle, después de meses tratándose de esa enfermedad, pero haciendo vida normal en su casa de siempre. Y qué me encuentro?? Con un estúpido que no sonríe... pero el problema no es que no sonría. El problema es que gruñe.

En ese momento, aparece la primera lágrima.

El resto de las lágrimas me las guardo. Prefiero aprovecharlas cuando se me hincha el pecho al verle disfrutar a mi amigo de 65 años de la segunda oportunidad que le ha dado la vida.

Aún me pregunto cómo puede seguir vivo ese hombre después de todo lo que ha pasado... del otro hombre, no quiero preguntarme nada. Me entristece tanto la gente que grita por algo que ni siquiera está mal, que te mira mal, enfurecido, al pasar por tu lado...

Y entonces vuelvo a pensar en mi amigo.

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...y es algo que aun no entiendo...

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 10 de Mayo, 2006, 14:26 por el autor teo

¿Dónde tienen la cabeza esa gente que no ve lo que hay a su alrededor? ¿En qué piensan aquellos que tienen todo el poder del mundo para hacer las cosas, y lo único que saben es pedirlas a malas, con malos gestos, con malas caras, con mal tono de voz?

Me revienta oir a alguien tratando a otro como si éste fuera subnormal. Y no hablo de que le esté explicando cómo funciona algo como si el otro fuera tontito. Me refiero a que el otro le hable con mal tono, con desprecio, con...

¿¿No se dan cuenta de que, por mucho que al otro le trates como un asqueroso, los asquerosos acaban siendo ellos??

Me duele decirlo, pero seguramente yo también me haya portado así, y eso es lo peor, pero precisamente porque yo he estado en esa situación, puedo opinar sabiendo.

Mal día.

NOTA: Esto no me ha pasado en el trabajo, ni en mi otra vida, ni en la de ahora ni nunca. Son solo apreciaciones externas.

NOTA2: ¿Os ha pasado esto alguna vez?


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Madrid - Con los pies por encima de mi cabeza

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 22 de Enero, 2006, 19:22 por el autor teo
Estaba acordándome yo, sin querer, de las veces que he estado de paso por Madrid. Pocas veces, pero suficientes como para guardar buenos recuerdos. Ya no por el sitio en sí, sino por las personas con las que he compartido esos momentos.

Creo que empezaré por los recuerdos más recientes, evitando los días en los que estuve en el zoo, con el fin de no aburrir a nadie.

Sería hace cosa de 6 o 7 años... Y es que quedamos el grupo de chicos con los que solía veranear, digamos que en un sitio intermedio: ni muy lejos del sur ni tan cerca del norte. Madrid el sitio perfecto.
Así pues, equipados con ropa y paciencia, ya que sería octubre cuando nos citamos, nos encontramos en esa enorme ciudad.

Ya de primeras me pareció una ciudad fría, gris y sucia. Demasiado grande para alguien tan joven como yo. Pero bueno, estabamos los suficientes como para dar color a nuestra corta, pero intensa estancia.

Fue algo curioso, porque pasamos de vernos en bikinis y bañadores a vernos en ropa de calle, incluso de abrigo. De "casi" desnudos y morenos, tapados hasta las cejas y blancos como el papel.
Recorrimos Madrid, andando, evitando todo tipo de transporte, excepto para volver a Tres Cantos, que es donde dormíamos. Nos despertabamos bien pronto, y nos dormíamos, no muy tarde. Turismo no hicimos demasiado, pero vimos cosas muy interesantes.

En otras ocasiones, he estado el suficiente tiempo como para disfrutar mucho del ambiente y no echarlo de menos. Algún día volveremos ELLA y yo, y os traeremos alguna foto...

Por el momento, me quedaré con el último recuerdo que tengo de Madrid. Alguien a quien espero ir algún día ver en directo...Hablo del guitarrista, ojo!

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No somos nadie

Publicado en la categoría Lecciones de la vida el 14 de Enero, 2006, 15:04 por el autor teo
Como echo de menos las mañanas en coche, directo al trabajo. Son las 7:20/7:25 cuando I. me conduce aún en el mundo de los sueños, hacia un nuevo día ¿infernal?. La conversación se basa normalmente en las animaladas de nuestros amigos, o en los cotilleos de la semana... hasta que ya nos damos cuenta de que la vida no da ya más de sí. Entonces se crea el SILENCIO.
¡ROMPAMOS EL SILENCIO!
Es un silencio cobarde, pero acordado. No es incómodo ni mucho menos. Para algo somos amigos ¿no? Y entonces, después de dos minutos I. decide que es un buen momento para encender la radio. A mí me parece bien, porque ayuda a ir metiendote en el día, a ir pensando en los cabrones a los que vas a tener que soportar. Y mientras, suenan las voces de No somos nadie. Y sin escuchar del todo, notas cómo los músculos de la cara van estirándose hasta formar la sonrisa que esperas, dure todo el día.

Bueno. Espero que I. se recupere pronto, porque ya no solo soy yo el que le echa de menos. ¡Animo, cabrón!

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