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Yendo a cenar...

Publicado en la categoría General el 13 de Mayo, 2006, 17:52 por el autor Nemo

- Sssshhh! ¡Silencio! – dijo el viejo cortándonos el paso.

Sorprendidos a la vez que intrigados nos detuvimos los tres, expectantes.

- ¿Qué os apostáis…? Y perdéis, eh! ¿… a que os gano en un partido de tenis?

Fue entonces cuando creí reconocer al anciano. Lo había visto antes jugando con sus raquetas de la época de Santana. Fue objeto de nuestros comentarios acerca de su habilidad a pesar de su edad.

- Si vamos a perder la apuesta, no vamos a apostar – apuntó uno de nosotros.

- ¿Sabéis quién soy?

- ¿Suele jugar en el frontón? – pregunté sin obtener respuesta.

- Mirad – y sacó de una arrugada bolsa de supermercado un almanaque deportivo de un club privado.

Después de hacerme leer en voz alta un párrafo en el que se ensalzaban los logros de un tal V. Gorroño, nos aseguró ser él.

- Yo era un jugador muy rápido. Con mucho reprise. ¿Sabéis lo que es el reprise? ¡Ras! – hizo un movimiento brusco hacia un lado – Me faltaba estatura pero lo suplía con buenos saltos. Yo saltaba mucho.

 Al parecer había logrado hacerse con 49 copas en diferentes campeonatos y se convirtió en instructor de tenis.

El alcohol que había ingerido y que le daba ese olor tan peculiar hizo que nos repitiera incontables veces sus historias sobre sus hijos, sus nietos, el holandés al que le cayó en gracia y un extravío de unas raquetas.

- Hace unos años murió mi mujer y, hace poco, mi hermana. Me encuentro solo al llegar a casa – todos temimos que el viejo se pusiera a llorar y pretendiera que nosotros ahogáramos sus penas, pero no fue así.

Continuó con sus historias laborales en una empresa del sector alimentario y volvió sobre ellas una y otra vez.

- ¡Atiende! – decía dando pequeños golpes en el brazo del que se encontraba a mi izquierda – Yo nunca he sido tonto, listo tampoco. Soy guipuzcoano.

- Nos pilla yendo a cenar. ¡Se nos va a quedar la cena fría! – intenté que nos dejara avanzar.

- Es que tenemos reservada una mesa – reiteró otro de nosotros.

- ¡Bien, bien! Pues ahora ya sabéis quién soy. ¡Mucho gusto! – se despidió.

- ¡Igualmente! – respondimos y, tras estrecharle la mano, proseguimos nuestro camino.

Nunca es mal momento, dicen, para aprender cosas nuevas…


(Referenciar)